A
pocos metros del centro urbano de Concepción, la ciudad más importante
y promisoria del sur del país, miles de personas debían lidiar con
la extrema pobreza. Viviendas precarias, deficiencias urbanísticas y de
saneamiento, no sólo hacían par al hacinamiento, sino también
a frecuentes inundaciones e incendios.
Así las cosas, un objetivo prioritario,
dentro
del programa Ribera Norte, fue saldar la deuda histórica que tenía
Concepción, solucionando la situación de precariedad en la que subsistían
miles de familias a pasos del centro penquista. Era de justicia además,
mejorar la calidad de vida de habitantes, que con décadas de esfuerzo,
había colonizado el borde ribereño, y realizado gran parte de los
adelantos de urbanización existentes.
Sin embargo, generar credibilidad
en el proyecto, fue un trabajo difícil. Los pobladores estaban desilusionados
por muchas promesas anteriores. Establecer confianza y reducir la incertidumbre
se convirtió en una tarea primordial para la concreción de Ribera
Norte
En esto, la activa participación de las juntas de vecino del
sector fue decisiva, así como también, la destacaba participación
de sus dirigentes.